Camino al Teide

Reconstrucción

del

camino

que conducía a viajeros

y científicos extranjeros

hasta el Pico del Teide

en

los siglos XVIII y XIX.

Bicentenario

de

la estancia de Humboldt

en

Tenerife. 1799-1999

Por José Luis  Sánchez

Durante los siglos XVIII y XIX viajeros y científicos ingleses, franceses y alemanes realizaron expediciones a las Canarias con el objetivo de hacer diferentes estudios sobre las características geográficas, geológicas, botánicas de este Archipiélago.

Acudían, especialmente, a Tenerife, atraídos por paisaje por el Valle de La Orotava y el Pico del Teide. La subida a la cima de este volcán era uno de sus fines más importantes, casi siempre alcanzado, excepto si coincidía con la estación invernal o con situaciones climáticas adversas.

Desde La Orotava o El Puerto de la Cruz, iniciaban una interesante aventura cultural y científica, a través de un largo camino que les conducía hasta la cúspide de Echeyde.

El objetivo de este trabajo consiste en intentar reconstruir la ruta y encontrar los restos del antiguo camino. El reencuentro con este sendero puede que sirva como una curiosidad de nuestra pequeña historia, para mantener una tradición que persistió hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX o para favorecer el desarrollo de un posible turismo cultural y científico.

El gran estudioso del mundo aborigen canario, Luis Diego Cuscoy nos habla del papel de la trashumancia en la cultural pastoril en Tenerife y de los caminos utilizados en el Menceyato de Taoro para llevar los rebaños hacia las Cañadas del Teide en la etapa estival.

Tras la conquista de la Isla continuó la práctica del pastoreo, bien por la población aborigen al servicio de los conquistadores, o bien de forma independiente por los “alzados guanches”, según el arqueólogo Manuel Lorenzo Perera. Las labores ganaderas persistirían así hasta la épocas muy recientes en las que se permitía el acceso del ganado caprino al espacio geográfico que, actualmente, conforma el Parque nacional del Teide.

Se mantuvo la transmisión de diversos senderos, que aún se pueden encontrar en tramos y que se dirigían desde el Puerto de la Cruz, la Cruz Santa, Los Realejos o La Orotava hacia Las Cañadas. Ellos nos recuerdan las antiguas rutas de trashumancia, como bien señala Cuscoy, o de conexión entre los habitantes de las diferentes zonas de la Isla. Así, en este caso, entre el Norte y el Sur, a través del Camino de Chasna o camino en dirección a Vilaflor. Existían, igualmente, otros de gran interés, como el que cruza desde Aguamansa por la Cumbrecita hasta Arafo, Candelaria o Güimar, de importancia en las relaciones económicas y culturales, utilizado en la actualidad especialmente, en las peregrinaciones a Candelaria, durante la  primera quincena del mes de Agosto, en la víspera de sus Fiestas Patronales.

Serán los pastores junto a los arrieros quienes mantendrán viva ]a presencia de estos caminos tradicionales. También, pudo ser la  práctica cinegética otro factor que conservaría el conocimiento de dichos senderos. Diversos cazadores nos han informado que utilizaron  dichos caminos, posiblemente, con algunas variantes para desplazarse hasta Las Cañadas y practicar la cacería de conejos. En siglos anteriores, bien pudo capturarse cabras, como los propios viajeros describen en alguno de sus relatos.

Debe tenerse en cuenta a los apicultores, que durante generaciones han llevado sus colmenas a las Cañadas del Teide para que sus abejas se alimenten con la flor de la retama y poder recolectar la miel, de tan gran estima entre nuestra población.

Para darnos cuenta de los cambios en las costumbres  de los isleños en lo relativo al desplazamiento interior, debemos recordar, que la realización de la carretera general en dirección Norte a Sur por Las Cañadas se ejecutaría durante las Dictaduras de Primo de Rivera y de Franco. Bien conocida es la presencia en trabajos forzados de presos, tras la contienda de la Guerra Civil. Por lo tanto, hasta la década de los años treinta y siguientes del siglo XX, el camino hacia el Teide siguió siendo el tradicional, persistiendo el modelo de comunicación o de acceso a Las Cañadas que conocieron  los científicos y naturalistas de los siglos XVIII y XIX.

El desarrollo de las expediciones de aventureros extranjeros, como George Glas, o de científicos como Feuillée, Fleurieu, Borda, Cook, Humboldt, Ledru, Bory de Saint-vicent,  de médicos como Wilde o de escritores como Olivia Stone, entre otros, se incrementa  con el afán de ascender al Pico del Teide, considerado, durante mucho tiempo, como el volcán más alto conocido.

Destaca, sin embargo, en oposición a este interés entre los extranjeros, como entre las clases pudientes de la Isla no se prestaba entusiasmo por la ascensión al Teide y, así, el mismo Glas señala, que solo lo hacían los pobres arrieros como guías o para obtener el azufre. Humboldt nos habla de los neveros que subían hasta la Cueva del Hielo para obtener ese producto y venderlo en las ciudades cercanas. Esta costumbre perduró hasta bien entrado el siglo XX, para dotar a determinados instituciones de  La Orotava como el Hospital de La Trinidad, a la clínica de D. Máximo Martín, o a algunas casas particulares pudientes, hasta la construcción de una fábrica de hielo y gaseosas en La Orotava en las primeras décadas de dicho siglo.

Los viajeros europeos, que desde muchas millas en alta mar vislumbraban la enorme ascensión del Teide,  solían llegar por Santa Cruz de Tenerife a la que suelen dedicar páginas sobre sus curiosidades artísticas y costumbristas. Desde allí recorren el antiguo Camino Real hacia el Valle de La Orotava. Otros desembarcan en el Puerto de La Cruz.

Suelen dirigirse a las familias destacadas del Valle de La Orotava, especialmente, a los Marqueses del Sauzal o a los regentes de Sitio Little, o a extranjeros afincados aquí, propietarios de hoteles o fondas en el Puerto de la Orotava, que les han de servir de  anfitriones y facilitarles los contactos necesarios para realizar distintas visitas a determinados puntos de curiosidad de la zona como jardines privados con sus excelentes muestras botánicas, a conventos con sus bibliotecas, a apreciar obras de arte de colecciones privadas o de las iglesias y, necesariamente, para conseguir a los arrieros que con caballos y mulos les guiarán hasta el pico del Teide.

En el desarrollo de las expediciones al Teide jugaron un papel muy importante, como hemos indicado, los arrieros, magníficos conocedores del terreno, de los elementos populares para la identificación del tiempo y de sus cambios, que les permitían aconsejar a los viajeros sobre los posibles problemas y dificultades con las que se podrían encontrar en aquellas altitudes. Así, algunos viajeros relatan el gran acierto en sus pronósticos climáticos; por ejemplo, en determinada ocasión los arrieros requirieron a los viajeros que se retirasen rápidamente de Las Cañadas en un día que se mostraba bueno, pero no tardaron pocas horas en comenzar un gran temporal. También, se opusieron a subir al Teide en determinadas fechas, ante las posibles inclemencias atmosféricas.

Después de encontrar a los ayudantes para llevar el avituallamiento, el material para las observaciones y acordar el valor económico del trabajo de los arrieros, los viajeros estaban preparados  y solían iniciar la expedición al día siguiente. Los arrieros son descritos como personas fuertes, alegres, con gracia, cantantes esporádicos, ágiles en la caminata. Entre ellos aparece Lorenzo, que sirvió a Olivia Stone. Sin embargo, en algún momento, aparecen opiniones respecto a otros arrieros sobre su escasa predisposición a ir por determinadas rutas, a no querer permanecer demasiado tiempo o , incluso, oponerse a subir el último tramo antes de llegar a la cima del volcán. Especialmente, es el propio Humboldt quien lo critica, pues sus guías parece que no habían pasado nunca de la Rambleta.

El oficio de arriero se mantuvo hasta mediados del siglo XX con Pepe, el del Moño, cuyo nombre aparece en el último Gran Atlas de Canarias de Interinsular, dando nombre a una vereda en el mismo pico del Teide. Otros como los hermanos Santiago y José el de Izaña, (este último, moriría a causa de una helada) o Domingo Pino, entre otros. Respecto al Camino del Teide es, posiblemente, Alejandro Humboldt el viajero que más datos ofrece del trayecto, y nos deja constancia de algunos nombres del recorrido, al tiempo que realiza medidas de altitud y de temperatura o comenta la vegetación y algunas características geológicas de las zonas que atraviesa, que añadiremos como curiosidad científica.

Los punto de partida de estas expediciones al Pico del Teide suelen ser el Puerto de la Cruz, o la misma Orotava, a una altura de 160 toesas (312 mts), desde la casa de Franchy, residencia de los Marqueses del Sauzal. Se dirigen hacia el Dornajito, atraviesan un hermoso bosque de castaños (el Monte de los Castaños), con algunas especies de laurel y de brezos, el Pino del Dornajito, a 533 toesas (1038 mts), y señala la duración del trayecto desde La Orotava hasta aquí en 3 horas. A la derecha del camino brota un manantial bastante abundante, cuya temperatura bajó a 15°,4. Señala Humboldt, que a 100 toesa(194.9 mts) de allí, se encontraba otro manantial. Indica que estas aguas son celebres en el país; siendo las únicas que se conocían en la época de su viaje por el camino que lleva a la cima del Volcán. En la actualidad, en esa zona se halla una galería que lleva el agua hacia Santa Cruz. Tras la región de los brezos arborescentes, llamada el Monteverde, sigue la de los helechos. Destaca que en ninguna parte de la zona templada ha visto tal abundancia de Pteris, Blechnum y Asplenium.

Al salir de esta zona se atraviesa un bosque de enebros(cedros) y pinabetes muy castigados por la violencia de los huracanes. Luego, aparecen La Carabela y el Roque de la Gayta. Viajeros como Edens y el P. Feuillée citan otra estación, la del Pino de la Merienda a más de 800 toesas (1.559 mts), que se halla entre la Carabela y el Portillo. Una vez pasado este paisaje  estrecho entre dos colinas basálticas se entra, ya, en los llanos de la retama, a una altura de 1.400 toesas (2.728 mts) calculada cuando la expedición de La Pérouse, por el Sr. Manneron. En este lugar, hacia la puesta del Sol, el termómetro centígrado estaba 13°,8, es decir, a 3°,7 más que hacia la mitad del medio día en el Monteverde. Considera que este aumento es debido a la reverberación del suelo y a la extensión de la altiplanicie. Habla de la retama, Spartium nubigenum de Aiton, que abunda en la zona y crece hasta una altura de 9 pies. Se llega, tras casi dos horas y media, a la Estancia de los ingleses, a una altura de 1.550 toesas (1981 mts), lugar hasta donde pueden llegar en mulas y donde el termómetro bajó a 5°. El viento del Norte empujaba con mucha fuerza las nubes. Luego, más de dos horas para llegar a Altavista, a la que señala como estación de los neveros. Apunta que las mulas de los arrieros están acostumbradas a escalar las montañas mejor que las que alquilan a los viajeros y llegan hasta Altavista, mientras los neveros se ven obligados a llevar el hielo en sus hombros desde la Cueva del Hielo a 1728 toesas (3367 mts) hasta allí. Cerca de aquí, señala Humboldt, los Sres. Lamanon y Mongés hicieron un experimento sobre la temperatura del agua hirviente y hallaron que era a 88°,7, y Humboldt quiso observar exactamente el instante de la salida del Sol y registró el primer borde a las 4h.48´55´´ de tiempo verdadero y el borde inferior del Sol a las 4h.56´56´´. Esta lentitud hizo que el orto del sol durase el triple de lo que se esperaba en esta latitud, por lo que cree que un banco de brumas, extendido muy uniformemente, ocultaba el horizonte verdadero y seguía al Sol a medida que se elevaba. Continúa el camino alcanzando la Rambleta. Es de destacar que los Sres. O´Donnell y Armstrong descubrieron en 1806 un manantial muy abundante en el malpaís a 100 toesas(194mts), má arriba de la Cueva del Hielo y  Humboldt cree que esta puede ser alimentada en parte por el mismo. Más adelante viene la parte más escarpada de la montaña, el Pilón o el Pan de Azúcar, que conserva su figura cónica hasta la cumbre y cubierta uniformemente de piedra pómez en extremo dividida, presentando en su vértice una cresta que circunda el cráter. Se accede al interior por el lado Este y bajando hacia el fondo del embudo de figura elíptica. Su eje mayor de Noroeste a Sureste está más (menos en dirección N 35° o. La mayor amplitud de la abertura nos pareció, señala Humboldt, de 300 pies, y de 200 la menor y la profundidad fue evaluada en 1803 por el Sr. Cordier en 110 pies.

Algunos nombres dados para lugares de este trayecto no  si conservan. El punto en el que más coinciden todos los viajero en señalar es el Dornajito.

Basándonos en los datos suministrados por los viajeros y tras una pequeña investigación apoyada, también, en la transmisión oral y con el uso de la cartografía del siglo XIX y XX, nos hemos acercado a la reconstrucción del camino, que consideramos fue el Camino de Teide, vía más usual, que debieron utilizar los arrieros y lo viajeros extranjeros desde el siglo XVI en adelante. Puede, si embargo, que existan variantes a lo largo del trayecto.

Se inicia el itinerario en el propio Puerto de la Cruz o en La Orotava, concretamente desde la casa de Franchy anteriormente citada, de los Marqueses del Sauzal, cuyos jardines poseían el mayor ejemplar de Drago de Canarias, conocido por Borda, Humboldt, Berthelot, etc, y que por efectos del vendaval de 1817 se desgajó y por el huracán de 1867 fue derribado definitivamente. Allí, también, se encontraba la palmera de la Conquista, que llegaría hasta 1918. Humboldt y la mayoría de lo viajeros continuarían, probablemente, por la Calle Cólogan, Trasera de la Iglesia de la Concepción, Calle del Colegio, Calle de San Francisco hacia la Cruz del Teide, ermita de la Candelaria del Lomo, paso del pequeño Barranco y subida hacia el camino de Chasna.

Tras subir este recorrido hasta el actual caserío de Camino Chasna, continuaban hacia el Dornajito, a una altura de 1000mts. Desde allí pasarían el barranco del mismo nombre en dirección hasta el Monteverde. Posteriormente, atravesaban el barranco Fuentevieja, el actual canal de Caramujo, Montaña Roja. De esta forma se alcanza, en la actualidad, la carretera nacional hacia el Sur por el Km 28. Se continúa ascendiendo, dejando al sureste la Montaña del Alto o de Guamasa.

Así, tras cruzar una especie de pórtico natural, se llegaría al Portillo de la Villa, como antesala de Las Cañadas del Teide. Desde aquí, a través de todo el llano de Las Retamas, detrás del Portillo, hacia Montaña Blanca y la Estancia de los Ingleses. Empezaría, entonces, el camino hasta cerca de Alta vista y desde allí hacia el Pico del Teide.

Después de realizar este trayecto, de contemplar el paisaje y hacer las observaciones científicas correspondientes sobre el volcán, el aire, la temperatura, altitud, hora de salida del sol, etc, regresaban a La Orotava por el mismo camino.   Humboldt señala que la duración de la expedición desde La Orotava a la cumbre del pico y volver al Puerto de la Cruz fue de 21 horas.

Otra variante del camino de ascenso sería: desde la Cruz del Teide, se seguiría por el camino hacia la Perdoma, y llegando al Barranco del Dornajito, por la Quinta, se comenzaría a subir. Este camino utiliza una ruta más al Oeste y, posiblemente, menos pendiente que la anterior. Continúa por el borde derecho del Barranco, y a más de 1000 mts de altitud se encontraría con el camino que habíamos señalado, anteriormente, en dirección hasta el Portillo. El trayecto indicado corresponde con el observado en el mapa del siglo pasado, del que aportamos reproducción en el apéndice.  Sin embargo, en la actualidad, no se puede seguir porque el sendero, por gran parte del barranco y fuera de él, ha sido totalmente ocupado por la maleza que lo hace intransitable, como consecuencia de su caída en desuso. Nos basamos en las afirmaciones de un vecino de la Habanera, lugar de esta zona cercana al barranco del Dornajito, que de joven realizó el camino a las Cañadas, especialmente para la apicultura. Por ello, hay que retomar el Camino de las Medianías y salir a encontrarse con el camino de Chasna, continuando hacia el Dornajito.  Sus cercanías, que hemos comprobado, están llenas de zarzas y matorrales que hacen su paso poco favorable.

El itinerario reconstruido se encuentra, en gran parte asfaltado y con casas a ambos lados, muchas veces. Las zonas correspondientes hasta el Camino de Chasna y, luego, hasta cerca del Barranco del Dornajito se hallan en esta situación. Por tanto, los trayectos mejor conservados serán los que continúan desde el Dornajito hasta el Portillo y desde aquí, hasta el Pico del Teide. Podrán encontrarse  modificados por los senderos de Icona y atravesados por las pistas forestales y corta fuegos.  De todas formas, serán las áreas más interesante por un contacto más directo con la Naturaleza, aunque con bastante diferencia en la vegetación, principalmente, por la talas de siglos pasados y por las repoblaciones forestales con Pinus Insignis, hechas en los años cincuenta y siguientes.

Sería conveniente recorrer parte de estos senderos y reconocer su estado. Se revivirán momentos singulares para el conocimiento de esta zona y se valorará ese espíritu aventurero e investigador de ilustres personajes, que dieron a conocer al mundo interesantes aspectos de estas Islas Canarias con sus importantes aportaciones científicas, como las medidas del Teide, la interpretación de sus orígenes,  datos de su geología, vegetación y otras destacadas consideraciones de carácter social, costumbrista, cultural y religiosas de los habitantes de las mismas durante aquellos siglos.

A los organismos y entidades con competencias les corresponde trabajar en el rescate y promoción de este camino del Teide por sus importantes connotaciones tradicionales culturales y científicas. Su oferta puede significar un nuevo aliciente y complemento turístico.

La Orotava, Marzo 1998

P. S.  Con motivo del Bicentenario de la estancia de Humboldt  a Tenerife, se va a desarrollar en este año de 1999, una serie de actos culturales con conferencias, conciertos de música clásica, etc. Para el 22 de Junio de este mismo año, tienen prevista una actividad relacionada con este tema, la expedición al Teide desde La Orotava, concretamente desde la casa de la Marquesa del Sauzal, por el trayecto que se considera el realizado por Humboldt y que he intentado reconstruir en este trabajo.

AFONSO PÉREZ, L. y otros: Gran atlas de Canarias. ED.

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BORY DE SAINT-VICENT: Ensayo sobre las Islas Afortunadas y 1a

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El Valle de La Orotava, cartografía del siglo XIX.

La Orotava, cartografía militar. 1975. 78 ED. 1991.

ILUSTRACIONES

1. Picos de la Cumbre a diferentes distancias

2. El pico del Teide desde La Orotava

3. El pico del Teide

4. Las Cañadas

5. Viajeros y arrieros hacia el Teide

8. Altavista

9. Entrada a la Cueva del Hielo

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